jueves, 11 de junio de 2009

Corriendo entre druidas



Al caer la noche comienzan a encenderse las primeras hogueras. En cada cruce de caminos, en cada lugar sagrado, en cada entrada al poblado. A lo lejos, en la oscuridad de la noche se percibe el resplandor de las hogueras encendidas en los poblados más cercanos. El horizonte cobra una tonalidad rojiza mientras las llamas crepitan hacían el cielo. El rito purificador del fuego comienza y la noche más mágica del año se abre a los habitantes de estos pueblos de la Edad del Hierro del siglo II a.C. Es la noche más corta del año, el solsticio de verano, la noche en la que los pueblos celtas celebran el comienzo de las cosechas, la llegada del verano, de los días más largos, mientras purifican sus cuerpos y sus vidas en la noche en la que la tenue frontera entre magia y realidad desaparece por completo.

Los celtas poblaron toda la comarca de Ávila. Estas tribus, conocidas como Vetones, habitaron todas las tierras de la meseta, y hoy, sus castros y su recuerdo quedan inmersos en estos parajes.

El pueblo celta fue un pueblo guerrero. Un pueblo agricultor y ganadero. Un pueblo con un gran sentido de la espiritualidad y amor a la naturaleza. Los druidas dirigían su vida espiritual. La naturaleza era algo que veneraban, era parte de sus dioses. El sol, la luna, los árboles, el trueno. Un pueblo mágico. Pero siempre un pueblo guerrero, dispuesto a defenderse de los ataques exteriores.

Dentro de la tribu, el paso de niño a hombre, de joven a guerrero se realizaba tras una ceremonia de iniciación y una serie de pruebas tras las cuales el niño adquiriría el rango de guerrero. Según los restos del castro de Ulaca se baraja la posibilidad de que para eso sirviese una cámara de sudoración, una sauna. Luego, tras superar diversas pruebas el joven estaría dispuesto a recibir su espada con la que ayudaría en la defensa de su pueblo.

El domingo, los senderos nos llevarán por los lugares en los que hace más de dos mil años vivían estas tribus. Cerca de sus lugares sagrados. Cerca de las colinas donde vivían y desde dónde divisaban el horizonte. Cerca de los lugares donde cazaban y guerreaban. Pasaremos junto al castro celta de las Cogotas, uno de los más importantes en toda Europa.

Quizás, por los caminos de tierra aislados de la civilización, perseguiremos la sombra del druida que prepara la festividad del solsticio de verano para la cual sólo queda una semana. Seguro, que por los caminos de tierra aislados de la civilización, perseguiremos nuestro propio destino. Nuestra propia ceremonia de iniciación tras la cual, a menos de ciento cincuenta días del objetivo, nos convertiremos en guerreros y ya estaremos listos para comenzar a preparar nuestra próxima batalla. La batalla de Marathon.




Murallas del Castro de las Cogotas

Cardeñosa, Ávila

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